“Como sociedad es nuestro deber proteger bien a niñas y niños y adolescentes”

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Empoderamiento y Liderazgo - Organizaciones sociales

 

Alexandra Membrive

Alexandra Membrive es la presidenta de la Asociación El Mundo de los ASI, entidad que lucha contra el abuso sexual infantil.

 

Se define como activista y superviviente, y ha sido capaz de darle la vuelta a una terrible experiencia, de la cual surgió su vocación. Ahora, desde la asociación que con otras personas supervivientes creó, trabaja para romper el silencio y denunciar lo que a menudo se quiere esconder, y dar voz y empoderar a los menores de edad y adolescentes que sufren esta lacra.

¿De qué estamos hablando, en concreto, cuando se habla de abuso sexual infantil?

De un maltrato sexual que se realiza tanto en la infancia como en la adolescencia. Es un abuso de poder de una conducta del sistema heteropatriarcal a niños y niñas para hacer aquello que aquella persona le quiere hacer al otro, y se hace daño de una manera consciente o inconsciente. Ahora bien, muchas veces nos dicen que es una enfermedad mental y, personalmente, no estoy de acuerdo. Es, más bien, una conducta que normalmente está escondida, de la que no se quiere hablar para que así perdure en nuestro sistema actual.

Según hemos leído en la página web de su entidad, una de cada cuatro niñas, y uno de cada seis niños sufren abuso sexual en su infancia o adolescencia. Y un 80% de estos abusos se cometen en el entorno familiar o de confianza. Estamos hablando de unas cifras muy elevadas y de un espacio que, se supone, tendría que ser el más seguro para los niños y niñas. ¿Ésta es la radiografía actual?

Pues, sí, el abuso sexual infantil es una pandemia mundial. Estamos hablando de un 20% de la población. Esta conducta de sumisión dentro de la familia donde se mezcla el abuso de poder, el dominio y la sexualidad, es muy dolorosa. Podríamos decir que es el uso y disfrute desde una postura adultocentrista.

Se tiene que hacer una revisión de lo que está pasando, porque en el ámbito familiar está tanto la víctima como el victimario, y muchas veces en esta situación las familias permanecen en silencio y prefieren no abrir esa caja porque es muy doloroso. Hay personas que no lo ven; otras que sí, pero que no hacen nada; y otras que no se lo creen, porque quieren al victimario y no pueden entender que lo haya podido hacer. Pero por mucho que quieras a una persona lo que no puedes hacer nunca es apoyar una conducta de abuso de poder sexual.

Entonces, ¿tenemos que desterrar el mito de los abusos sexuales como algo que pasa fuera del ámbito familiar?

Pues sí. Antes de formar la asociación soy activista y soy superviviente, por lo tanto me he informado muchísimo, y muchas veces cuando damos los datos, la gente se queda muy sorprendida diciendo si esto es cierto. Y nosotras nos basamos en la literatura científica, que hay mucha, sobre todo en los EE. UU. desde los años ochenta. Y aquí tenemos personas muy potentes que son expertas en este tema. Y nos apoyamos en todos estos estudios, a pesar de que no tenemos datos actuales a nivel del Estado español, pues, el primer y único estudio realizado es del año 1994. En Cataluña tenemos un estudio sobre" El Malestar psicológico en estudiantes universitarios víctimas de abuso sexual infantil", del año 2006, realizado por Noemí Pereda.

 

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Y el hecho del confinamiento ha encerrado en el mismo espacio víctima y victimario.

Pues, es cómo si un encarcelado sin poder pedir auxilio, esté más tiempo a merced de los deseos del victimario. Sin tener ningún apoyo, porque lo que hace la persona agresora es manipular intentando esconder esta situación, con el secreto, la manipulación, e intentando que nadie se entere nunca, y sobre todo, que la víctima no pueda pedir ayuda, estando sometida y vigilada. Entonces es muy muy difícil que puedan pedir ayuda.

Nosotras ya publicamos un post en el inicio del confinamiento avisando de esta situación. Y no vimos que los gobiernos, ya sean los de las comunidades autónomas o el central, hicieran una campaña sobre esto, y es muy grave. Porque si se hizo sobre la violencia contra las mujeres, cosa que me parece fantástico, evidentemente, y porque se tenía que hacer, pero hubo un absoluto silencio sobre la infancia y la adolescencia. ¿Qué pasa, que porque no sabemos escucharlos no tienen los mismos derechos? Como sociedad es nuestro deber y obligación protegerlos bien.

Lo que se tiene que hacer es una buena política preventiva, por un lado, y de detección, por el otro, para que los niños y niñas no lo sufran o bien se detecte en un inicio.

¿La sociedad es consciente de esta lacra o es un tabú todavía y se continúa escondiendo esta realidad?

La sociedad tiene mucho miedo solo de escuchar abuso sexual infantil. Es como si se removiera algo que está muy escondida, como si en nuestro imaginario de esto no se puede hablar. Y es muy normal que esta reacción la tengan también las víctimas y supervivientes. Se cuestiona mucho, ¿esto realmente existe? A veces es como la actitud del avestruz de esconderse, de apartar los ojos y decir yo no lo quiero creer. Muy a menudo nos pasa esto, por lo tanto, continúa siendo un tabú.

¿Cómo podemos prevenir y detectar los abusos en niños y adolescentes tanto en el ámbito familiar como en el ámbito educativo y del ocio? ¿Tenemos protocolos de prevención efectivos?

Existen protocolos, pero claro, si no se hace formación de prevención a las personas profesionales, si no se hace una capacitación de cómo aplicar estos protocolos, no avanzaremos. Se tiene que trabajar muchísimo.

Ahora mismo, estoy estudiando Psicología y no he visto ninguna asignatura que hable del tema. En Criminología sí que hay una asignatura, pero si hay un 20% de personas que pueden sufrirlo, tendríamos que ser capaces de cuidarlos y los profesionales tienen que saber cómo abordar esta temática, tanto de prevención como de detección.

En la página web de la Asociación hemos publicado lo que nosotras llamamos "8 pasos d'Empodera". Son unos pasos de prevención donde explicamos realmente como hacer prevención a niños y niñas desde que tienen un año. Dependiendo de la edad que tengan, evidentemente, se hará de una manera u otra y, además, hay una guía que se puede descargar. Estos pasos se basan sobre todo en el sentido común y en la ética del cuidado, o sea cuidar a la infancia y a la adolescencia conociendo sus necesidades de verdad. Por ejemplo, se les ha de enseñar el respeto a su cuerpo, tanto lo que significa el consentimiento, los límites propios y los de las otras personas y damos muchos ejemplos en nuestras charlas.

 

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¿Y qué pasa cuando hay denuncias de irregularidades en el sistema de protección a la infancia, pero también hay casos de niños o niñas que no son bastante creíbles?

Aquí volvemos a hablar de la necesidad de la profesionalización de las personas que atienden casos de abuso sexual infantil y juvenil. Si no conocen la dinámica y no tienen la formación, estas personas no los pueden atender de forma correcta. Además, hay diferentes tipos de revelación y a veces se ponen en entredicho y es un problema muy grave. Hay profesionales que piensan que se tiene que hacer solo de una manera y encima la atención, ahora mismo, no es la adecuada, puesto que cuando se revela un caso se tendría que activar todos los sistemas para atender a estos niños y niñas, y el sistema actual tarda mucho tiempo en atenderlos.

Romper el miedo y el silencio, y dar el primer paso para denunciarlo, suponemos que tiene que ser muy difícil. Después, hay que pasar por el ámbito judicial, ¿se da una revictimización de las víctimas? ¿Qué debería cambiarse?

Hay un estudio de Save the Children donde Noemí Pereda pone el caso de una niña, Lia, que con más de tres años revela y le hacen declarar como 10 veces que es lo que le ha pasado. Y cada vez, menos la primera, es una revictimización. Claro, muchas veces cambia la versión primero, porque ya ha pasado mucho tiempo; por la edad de la niña, y también porque está en contacto con la persona agresora y nuestro sistema todavía no está preparado.

Aquí se tiene que tener en cuenta que prima el interés superior de la infancia y la adolescencia, y desde la ética del cuidado debe protegerse a la infancia de la mejor manera posible. Y además, se tiene que hacer desde un abordaje integral y con un acompañamiento también psicológico, más allá del sistema judicial.

Afortunadamente ahora hay una prueba piloto, a raíz del estudio de Save the Children, que son las casas Barnahus. Hace más de veinte años que funcionan en el norte de Europa y, ahora, se está haciendo una casa piloto en Tarragona. Es un espacio que evita que el niño o la niña tenga que revivir el abuso sexual a través de múltiples declaraciones ya que todas las personas profesionales que lo tienen que atender están en el mismo lugar y con una única declaración basta. De momento, nuestro sistema no está preparado. Esperemos que de aquí a poco tiempo estén en funcionamiento estas casas Barnahus, que en el norte de Europa, llevan tantos años funcionando.

También es muy importante que no se aplique el SAP (Síndrome de Alineación Parental) y que no se juzgue a la persona adulta que denuncia y acompaña a la víctima que todavía es menor de edad. Muchas veces se analiza mucho a la persona que denuncia y no se analiza tanto la persona denunciada, el victimario.

 

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¿La legislación vigente es suficiente para combatir los abusos o hay que modificarla?

Tenemos el Convenio de Lanzarote que es un Instrumento de Ratificación del Convenio del Consejo de Europa para la protección de los niños y las niñas contra la explotación y el abuso sexual, firmado en Lanzarote, en octubre de 2007, pero que no se ha cumplido.

De hecho, durante la pandemia, el Consejo de Ministros firmó el anteproyecto de ley sobre la infancia y la adolescencia, pero ahora tiene que pasar al Congreso y todavía no se ha presentado. ¿Y por qué se hace esto? Pues, porque en España, con el Convenio de Lanzarote, se tendrían que haber tomado ciertas medidas entre el 2011 y el 2013. Y estamos en el 2021 y todavía no se han aplicado. La Unión Europea tendría que obligar a su cumplimiento, por eso ahora se está tramitando esta nueva ley. Además, hay que decir también que hay entidades que empujan, sobre todo Save the children, poniendo en la agenda los temas de la infancia y la adolescencia. Se está luchando mucho contra el abuso infantil.

Espero que pronto tengamos una nueva ley. Pero, después habrá otro problema, ¿cuánto tiempo tardará para hacerse efectiva? ¿con qué recursos se contará?...

"El trauma es un hecho de la vida, pero no tiene por qué ser una condena para toda la vida», así se expresa Peter A. Levine, doctorado en Biofísica Médica y en Psicología, que ha orientado su trabajo a "sanar el trauma". ¿Cómo es la recuperación emocional y física de estos niños y adolescentes?

Justamente Peter Levine ha analizado muy bien lo que es el trauma. Desde la asociación hacemos una formación en que la cápsula 1 comienza con una frase de él que dice: "El abuso sexual infantil conmociona el cerebro, aturde la mente y congela el cuerpo". Y en pocas palabras es como se puede expresar lo que siente una niña o adolescente que ha sufrido un abuso sexual infantil. Describe muy bien el miedo y la congelación cuando una persona sufre este abuso.

La palabra básica para que empiece una sanación es "te creo". Te creo quiere decir empoderamiento, volver a tener confianza en las otras personas, protección, ética del cuidado, resiliencia... ¡dos palabras que quieren decir tantas cosas! Y claro, es el inicio de una recuperación emocional y física. Pero cada caso es diferente y aunque hay similitudes no existe una receta mágica. Sí que existe algo que es común: romper el silencio y levantar la voz, que es una de los pasos de empoderamiento que nosotras usamos en la prevención. Levantar la voz es uno de los primeros pasos para la recuperación, y cada persona necesita diferentes recursos para sanarse, pero siempre necesita alguien al lado, con una escucha activa para poder salir adelante.

Está claro que el trauma perdura mucho tiempo y que te puedes recuperar, aunque puede que tengas algunas secuelas de por vida. Unas, se superan; otras, se aceptan, y otras, pueden aparecer aunque lo hayas superado. Es una experiencia de vida y cada cual tiene que buscarle un sentido, porque esto no se puede borrar y te cuestionas ¿para qué me ha servido esto? Yo lo tengo clarísimo, a mí me ha servido para encontrar mi vocación, y ayudar a las personas y proteger la infancia y la adolescencia. Y miras atrás y dices: ¡ostras, yo he sido capaz de pedir ayuda y de superarlo!

 

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Se habla siempre del interés superior del niño, ¿se tiene en cuenta a la hora de tratar estos temas en los medios de comunicación? Según su parecer ¿qué errores no se tendrían que cometer nunca?

No siempre se tiene cuenta el interés superior del niño. Desde el caso de los Maristas, sobre todo en Cataluña, sí veo que se están haciendo cambios, pero claro, lo que necesitamos es que, incluso, los profesionales de los medios se formen sobre qué es el abuso sexual infantil, cuáles son las dinámicas, y realmente entiendan cómo funciona la credibilidad, cómo es la revelación del abuso sexual para poder abordar este tipo de noticias.

A veces, cuando nos hacen entrevistas, te preguntan aquello de "pero ¿qué te pasó?" Cuando te hacen estas preguntas es una revictimización. Yo, si te lo quiero explicar, ya lo haré, pero ¿realmente hace falta que lo explique? Con estas preguntas me demuestran que no tienen ningún tipo de cuidado hacia las personas que han pasado por este trance. Lo que sí puedo explicar son las consecuencias, los cambios que pueden haber, mis vivencias de cómo me he sentido después en el proceso desde el silencio y desde que soy una activista. Pero hay que tener cuidado de las personas que además se atreven a hablar y a dar la cara, por eso hace falta mucha sensibilidad a la hora de hacer las preguntas. Además, creo que siempre que se hace una entrevista se tendría que dejar hacer una revisión para ver si hay errores porque, claro, es un hecho muy duro.

También muchas veces no se cuida la credibilidad de las personas supervivientes. Y en el caso de un infante, evidentemente, no se tienen que dar nombres. Otro tema es el estigma de la palabra "víctima", tenemos que dejar de hablar de víctimas. En los EE. UU., por ejemplo, siempre hablan de supervivientes y esto te da fuerza y poder. Nos merecemos que los medios de comunicación nos traten como lo que somos, como personas con mucha fuerza que hemos superado una situación como ésta.