Experiencias productivas de mujeres amazónicas apuestan por un modelo de bioeconomía

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Desarrollo - Medio ambiente

 

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Para mantener sus familias y salvar el planeta.

Conversación con Lili Avensur, psicóloga social peruana experta en fortalecimiento del liderazgo femenino, para La Independent.

Gisella Evangelisti, La Independent: Recientemente habéis lanzado una campaña de apoyo a biohuertos en la región amazónica del Ucayali, implementados por madres jefas de familia: ¿cómo surgió la iniciativa?

Lili Avensur: Hemos visto que con el aislamiento provocado por la pandemia se han agravado los problemas de la región amazónica, (que en Perú cuenta con unos 332.975 habitantes, mientras en toda la cuenca amazónica, hay unos 30 millones), especialmente para los pueblos indígenas, que no cuentan con suficientes servicios sanitarios y educativos. A ello se agrega la contaminación de los ríos por las actividades ligadas a la extracción del petróleo y del oro, la invasión de madereros ilegales, la deforestación, el narcotráfico, juntos con el asesinato de activistas ambientales. Resultado, cada vez menos nutrición saludable. Por eso, en muchas comunidades y caseríos las mujeres han decidido aumentar la producción de sus huertas familiares. Por otro lado, apoyan con las plantas medicinales las actividades del "Comando Matico", un grupo voluntario de jóvenes (mujeres y hombres del pueblo Shipibo) que han salvado decenas de vidas en Pucallpa, tratando los síntomas de la Covid 19, como los problemas respiratorios, con baños de vapor que utilizan matico y otras plantas medicinales. Son una pequeña muestra de cómo desde la Amazonía se puede contribuir a resolver problemas globales.

De hecho, en la selva hay un inmenso patrimonio de recursos naturales, y plantas medicinales, muchas todavía por explorar. Solo para dar un ejemplo, hay 16.000 especies de árboles, unos millares todavía sin nombre, y 75 especies de ranas venenosas, con 400 alcaloides nuevos en su piel. Un curandero o curandera pueden conocer unas 300 plantas con fines curativos.

 

 

 

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Como sabemos, desde décadas se habla de salvar la Amazonía, sin embargo, parece que el actual gobierno brasileño, que administra dos terceras partes de la cuenca amazónica, está decidido a deforestarla y transformarla en un gigantesco pasto para producir carne y soya. Liberando, al paso, una cantidad de parásitos que pueden provocar nuevas epidemias. También la Unión Europea es responsable, con el tratado UE-Mercosur firmado el año pasado, de favorecer esta destrucción, si no hay iniciativas populares que estimulen un cambio de modelo productivo.

Sí, de seguir así, en unos veinte años la selva podrá transformarse en sabana, de manera irreversible. Ya la humanidad está pagando las consecuencias del cambio climático, con unos 70 millones de migrantes climáticos, huyendo de sequías y aluviones.

 

 Y sin embargo hay alternativas...

Absolutamente sí. En vez de favorecer la producción extensiva de palma de aceite, soya, carne, que destruyen la selva y benefician pocas empresas, los gobiernos y la sociedad civil deberían apoyar la pequeña producción, favoreciendo una relación equitativa con los mercados. Hay recursos como el cacao, el aguaje, el acaí, las nueces de Brasil, las castañas etc. que pueden mejorar la vida de miles de familias si en vez de solo producirlos, se los procesa, empaqueta, y vende. O sea, si se da vida a una bioeconomía de "bosques en pie", que fusiona el conocimiento científico y el tradicional. Como está haciendo, por ejemplo, la Asociación de Mujeres Trabajadoras Rurales de Belterra (Amabela) en el estado de Pará, Brasil, produciendo chocolate artesanal con copoazú, una fruta amazónica. Hablan de ellas en un artículo del 2 de octubre en el New York Times, dos eminentes científicos brasileños, Carlos Nobre, (cientifico senior del Instituto d Estudios Avanzados de la Universidad de Sao Paulo y premio Nobel en 2007), y Bruno Carvalho, (codirector de la Harvard Mellon Urban Initiative) que apoyan el proyecto, juntando conocimientos y fondos de ONG, Universidades públicas, inversionistas. Se está construyendo por ejemplo una bio fabrica en la comunidad, con equipos como impresoras de alimentos tridimensionales, cocinas solares y computadoras. En pocas semanas, aseguran los científicos, las personas que trabajan pueden aprender a usar las apps para tener acceso a los mercados locales, a cómo garantizar el cumplimiento de los estándares ambientales. Parece ciencia ficción, pero es posible generar medios de vida viable para todas las generaciones futuras, con especial atención a las mujeres y los jóvenes.

 

Producción inteligente relacionada con mercado. Ha sido esto también el objetivo de una iniciativa a nivel continental en que has participado en la Argentina en 2019. ¿Puedes contarnos algo?

Sí, tuve la suerte de participar en el "Taller de Consulta Continental en América Latina: Mapeo de Mercados Territoriales desde un enfoque participativo para la recopilación de datos", organizado por la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), miembro La Vía Campesina, con el apoyo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y la institución Terra Nuova. Todos reconocemos la importancia de quien produce alimentos a pequeña escala, entre ellos muchas mujeres, pero el problema es es que los tipos de mercados en los que operan no son prioritarios o visibles para los encargados de formular políticas. Todavía hay una falta de datos sobre los mercados territoriales, y las políticas públicas prestan más atención a las cadenas de valor mundiales y rara vez apoyan e incentivan estos mercados. Por ello, hemos difundido una guía metodológica participativa para mapear los mercados territoriales, regionales o nacionales, que se pueden potenciar y defender.

 

Muy importante. Además, en tu experiencia de formadora, ¿cuáles avances has observado en esos últimos años en el liderazgo femenino en la Amazonia, y ¿cómo podemos apoyarlas desde Europa?

Indudablemente, en estos últimos años ha habido una mayor presencia de mujeres líderes de comunidades y organizaciones indígenas que han sabido abrirse paso y afirmar el reconocimiento de sus derechos como mujeres. Los desafíos que enfrentan son múltiples. Van desde mejorar su preparación técnica profesional, tener acceso a los diferentes niveles de la organización comunitaria, participando activamente en la toma de decisiones, y asociarse para nuevos emprendimientos. Los problemas más urgentes, que la pandemia ha agudizado, como decíamos antes, se refieren a como nutrir la familia, la defensa de sus recursos hídricos, y la preservación de su cultura. Una manera de apoyarlas es escuchando sus voces y demandas de una sociedad más inclusiva, justa y solidaria, no solo a nivel local sino internacional.

Para los y las que quieran sumarse a la iniciativa de las madres jefas de familia de 15 comunidades indígenas del Ucayali, que necesitan potenciar su 80 huertas orgánicas con insumos, semillas y plantitas, pueden colaborar entrando en el siguiente link 

Un sentido gracias para todas y todos.

 

 

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