Una perspectiva diversa y amplia para abordar las violencias

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirCorreo

Identidades de género - Entorno cotidiano

  

Miriam i Nagore

 

 ¿Qué significa ampliar la mirada de las violencias de género para integrar la diversidad sexual?. Con esta pregunta desde Fundación Surt iniciaron una investigación que se materializó en el proyecto Look Wide.

 

Look Wide concluyó sus trabajos en una jornada internacional este mes de diciembre. Liderado por Fundación Surt, ha sido un trabajo en red con diferentes entidades europeas: Differenza Donna, de Italia, Dissens, de Alemania, Hatter Society, de Hungría y KMOP, de Grecia.

La investigación ha analizado diferentes servicios de abordaje de la violencia de género con el fin de aportar una nueva mirada desde la diversidad de género y orientación sexual. El resultado ha sido la detección de una serie de prejuicios que se han identificado para hacer una serie de recomendaciones a profesionales.

Hemos hablado con Miriam Solá y Nagore Garcia, investigadoras del área de empoderamiento socioeconómico de la Fundación.

 

 

Miriam i Nagore

 

Explicad el proyecto Look Wide

Miriam Solá- El proyecto surge hace unos 3 años en los que observamos que, con la puesta en marcha de los Servicios de Atención Integral -SAI-, fruto del desarrollo de la ley 11/2014 de los derechos de las personas LGTBI, existía el riesgo de que estos servicios no tuvieran perspectiva feminista, de género y, por otro lado, los servicios de abordaje de las violencia machista necesitaban una perspectiva de la diversidad sexual y de género. Esta era la hipótesis de partida, el objetivo era impregnar de perspectiva feminista las políticas LGTB e impregnar de perspectiva LGTB las políticas de abordaje de las violencias machistas.

Nagore García- Es a partir de ahí que se plantea el diseño de un proyecto y se materializa con otras entidades europeas que se plantea abordar en esta doble vertiente. Como proyecto europeo tiene una duración de dos años y tiene una serie de fases: una de investigación para profundizar en esta hipótesis y de detección de necesidades en los diferentes servicios, tanto públicos como del tercer sector. También la detección de necesidades de las personas LGTBI en situación de violencia que han hecho uso de estos servicios en algún momento. Hicimos un informe y con estas necesidades ya detectadas se hace el diseño de una formación, con profesionales de diferentes servicios y territorios y se planteó la redacción de la guía para profesionales que presentamos a la jornada del 3 de diciembre. Hicimos un acompañamiento a las profesionales de las entidades y servicios participantes pensando acciones concretas. Cada fase afectaba el desarrollo de la fase siguiente y en su reelaboración.

Como ha sido el trabajo en red con entidades europeas?

N.G.- Ha habido cuatro países más: Grecia, Alemania, Italia y Hungría que han implementado las mismas actividades en sus países, hemos ido colaborando y flexibilizando al contexto de cada país por que los marcos legales, sociales y políticos son muy diferentes, así como el funcionamiento de los servicios. Sin embargo hay un marco general que hemos compartido con el resto de países.

M.S. - La primera diferencia es que cuando trabajamos violencias debemos tener en cuenta que en Catalunya y el Estado español tenemos un marco privilegiado. Ya la manera que tenemos de llamar a las violencias: de género o machista es una terminología que más allá de los Pirineos no se utiliza mucho, se utiliza muchísimo domestic violence y, en el mejor de los casos, gender based violence, esto crea unas desatinos conceptuales importantes en proyectos de violencia a nivel europeo. En cuanto al desarrollo de recursos, en nuestra red de servicios públicos -a pesar podamos ser críticas y pensar que es mejorable- en otros países no existe. En Italia todavía está en manos del movimiento feminista, mucho activismo y voluntariado, como aquí los centros de planing en los 80. En Alemania, es un tercer sector mejor subvencionado que aquí, pero no son servicios públicos. Si vamos a Hungría, donde la legislación no sólo no reconoce derechos sino que es contraria ya hablamos de otra realidad muy diferente, aquí las leyes nos protegen.

En estas realidades diferentes que se encuentra en Europa, lo que vimos en la jornada es que en el Reino Unido son servicios privados muy institucionalizados, pese a ser gestionados por entidades. ¿Cuál es el modelo que está planeando adecuado a partir de lo que ha visto?

M.S.- El modelo del Reino Unido es interesante y tenemos que aprender mucho en el abordaje de violencias LGTB pero está muy centrado en lo que es la violencia doméstica. Aquí tenemos un marco mucho más amplio de entender las violencias hacia el colectivo LGTB como LGTBfobia, no tan centrado en la pareja. Esto permite identificarla como una violencia manifestación de una desigualdad estructural. Un marco muy centrado en la pareja no permite abordar estas diferencias y se entiende como un conflicto interpersonal que no permite una redistribución de los recursos materiales.

N.G.- Es una de las cosas que hemos detectado, nuestro modelo conceptual es mucho más potente, rico y complejo que otros, pero se falla en la implementación, pero en todo caso todo es muy incipiente y todavía se están definiendo las necesidades a cubrir.

M.S.- Si, es importante eso, es mejorable pero estamos en un momento de desarrollo y es clave. ¿Qué necesidades tienen que cubrir? Realmente tienen las mismas necesidades las personas LGTB en situación de violencia que las mujeres en situación de violencia en la pareja? hay que acabar de ver y definir, no siempre hay necesidades directas sino de desigualdad en el acceso a servicios o derechos y lo que hay es repensar y si los recursos deben ser los mismos, más amplios o más flexibles, yo tengo mis dudas.

Lo que ha conseguido el movimiento feminista debe ser extensivo a las personas LGTBI?

N.G.- Esto es lo que se ha planteado por algunas organizaciones en algún momento, pero finalmente pensamos que lo que tenemos que hacer es repensarlo todo.

M.S.- Este modelo que tenemos deja fuera muchas mujeres heterosexuales y, incluso, que sufren violencia de la pareja. Metafóricamente tenemos un traje y mucha gente no entra pero estamos intentando que les entre, el resultado es que sufren las que no caben pero también las profesionales que intentamos poner el traje, quizás debemos redefinir el traje. De hecho era el objetivo como feministas, la perspectiva LGTB nos ha permitido repensar los servicios dirigidos a mujeres.

N.G.- Si, se trata de que las mujeres no las hagamos encajar en unas categorías normativas, porque en muchos casos depende su subsistencia y sus derechos, se trata de que los servicios encajen en sus necesidades.