Mujeres y Políticas LGTBI de Comisiones Obreras de Cataluña

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Opinión - Opinión: Derechos Humanos - Derechos de las Mujeres

Neus-Moreno 2

 

OPINIÓN

Existe poca información sobre la realidad del acoso sexual en el trabajo. Todo indica que las denuncias de acoso sexual sólo son la punta del iceberg de la realidad.

 

La II Encuesta de violencia machista en Catalunya -realizada en 2016 y publicados los resultados más relevantes en 2018- señalan que un 1,2% de las mujeres que han realizado algún trabajo remunerado en el año anterior han vivido una situación de acoso sexual. Según los datos de las mujeres ocupadas en 2015 sería una cifra alrededor de unas 18.000 mujeres. Aproximadamente 2 de cada 3 acosos es ejercido por un superior.

También los datos muestran un impacto importante de la precariedad: en las mujeres que han realizado un trabajo sin contrato o con contrato temporal la incidencia es mayor. Otro dato alarmante, esta vez de la I Encuesta de violencia machista en Catalunya, realizada en 2010: el 4% de las mujeres entre 18 y 70 años que han realizado algún trabajo asalariado se han visto obligadas a dejar algún trabajo para evitar una situación de acoso sexual.

Existe un amplio consenso de que las encuestas poblacionales sobre violencia machista infravaloran o subestiman la realidad en el conjunto de los espacios de las relaciones sociales, también en los laborales. Pero aún es más amplio el consenso en relación a que las denuncias son aún más la punta del iceberg de la realidad. Se puede afirmar con fuerza que las denuncias en Catalunya quedan muy lejos de las 18.000 situaciones de acoso anuales que muestra la encuesta.

¿Cuáles son los obstáculos que hacen que las mujeres vivan las situaciones de acoso sexual en silencio y con enormes dificultades para exigir el derecho a una vida en libertad y libre de violencia? Sin duda tener identificadas las razones puede ayudar a establecer las acciones que se deben realizar. En estos últimos años, el movimiento #MeToo, #YoTambién o #Cuéntalo han conseguido que numerosas mujeres hayan roto el silencio desde una voz individual para convertirse en una fuerza colectiva que infiere cualquier movimiento social. Voces que han provocado que conductas que estaban aceptadas o toleradas se conviertan en mezquinas y rechazadas socialmente. Han conseguido avanzar en poner en la agenda pública, política y social el tema del acoso. Pero se ha introducido de una manera muy parcial, principalmente en las profesiones relacionadas con la industria cinematográfica. El acoso sexual en el trabajo, en la mayoría de profesiones, está invisible y socialmente se ponen en duda.

Aún persiste un simbólico social que el acoso sexual prácticamente no existe, y que cuando se da se debe mayoritariamente a que las mujeres tenemos "la piel muy fina", que provocamos las situaciones, que no sabemos decir "no", y un largo despropósito de justificaciones. Incluso algunos hombres se atreven a manifestar que las mujeres tenemos suerte de que nos acosen, ya que una relación sexual siempre es bienvenida. No se reconoce que el acoso sexual es una violencia machista y su origen se encuentra en las relaciones de poder patriarcales.

Es frecuente que las mujeres que son acosadas, como en el resto de violencias machistas, tarden tiempo a poner nombre a su malestar y sufrimiento, y no se sientan acompañadas por las personas más cercanas, en el caso del acoso en el trabajo por sus compañeras y compañeros de trabajo. Y es que lo simbólico está profundamente arraigado en las personas y en el conjunto de las relaciones sociales.

Todas las empresas, sean de la dimensión que sean, y de todos los sectores, están obligadas por la ley de igualdad de 2007 a disponer de un procedimiento o protocolo de prevención y abordaje del acoso sexual y por razón de sexo. Lejos se está de que sea una realidad, pero cada vez son más las empresas que disponen de dicho protocolo. Pero, ¿cumplen estos protocolos cumplen con una de las características fundamentales? ¿ ofrecer confianza a las trabajadoras para que denuncien, que esperen que la situación de acoso se resuelva sin ser represaliadas, de que les sirva para conseguir su libertad, de que se sientan acompañadas y apoyadas en este proceso? Desafortunadamente, la respuesta es "no".

Y reflexionando sobre este tema es imposible no compartir la rabia, el dolor, la indignación y la necesidad de actuar ante el suicidio de Verónica, de la empresa IVECO, tras sufrir una situación extrema de acoso sexual, de violencia machista.

Hay que hacer frente a la realidad del acoso sexual en el trabajo: visualizar la realidad, hablar, compartir. Todo aquello que no se visualiza no existe. Las empresas tienen la obligación de prevenir, y ello quiere decir principalmente tres medidas: declarar la tolerancia cero, intervenir sobre las situaciones de precariedad y vulnerabilidad de las mujeres a través de los planes de igualdad y la organización del trabajo y acciones de sensibilización, información y formación.

Es imprescindible remover simbólicos que permitan el posicionamiento social frente el acoso y actuar antes las situaciones que provocan vulnerabilidad.

También es imprescindible que en todas las empresas existan protocolos que respondan a la necesidad de dar respuesta. Que queden claros los derechos, el acompañamiento y el soporte, que se hará justicia, que las mujeres afectadas no serán revictimizadas con el empeoramiento de sus condiciones de trabajo o incluso el despido y que la actuación sea rápida y respetando el derecho a la intimidad y la confidencialidad.

Y la última reflexión: la prevención y abordaje del acoso sexual debe perseguir un objetivo básico: reforzar el empoderamiento de las mujeres para hacer frente al acoso sexual. Entre todas y todos lo conseguiremos.