Sònia Moll o el poder sanador de la palabra

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Opinión - Opinión: Cultura

Isabel Franc

OPINIÓN

Tenía que hacer una reseña del libro de Sònia Moll: Beneïda sigui la serp, es decir, una exposición más o menos objetiva y ecuánime de esta recopilación de artículos. En La Independent dicen que hay demasiada opinión y a mi ya me gusta jugar a ser periodista. De acuerdo. Pero con Sònia no puedo.

¿Porque somos amigas? Bueno, tampoco somos íntimas. Hemos compartido escenarios poéticos y una vez tomamos unas bravas (¿las amigas que comen bravas unidas permanecen unidas?). Nos apreciamos y nos seguimos. Ya me impactó su primer poemario Non si male nunc (Viena edicions, 2008), me embarqué con ella en Creixen malgrat tot les tulipes (Viena edicions, 2013) y cuando me llega Catorze edicions, lo primero que busco son sus pequeñas perlas que se publican también en el blog La vida té vida pròpia.

No la conocía en esta faceta de opinóloga y confieso que no me ha sorprendido lo más mínimo ver que también ahí hay poesía. Pero no puedo hacer una reseña al uso porque me siento demasiado implicada en sus comentarios, su visión de temas tan diversos y, a la vez, tan cercanos. Tantos puntos de concordancia, tantas ideas, sentimientos, experiencias compartidas que llega a estremecerme; ¿nos habrá creado alguna suerte de lazo consanguíneo aquella tapa de bravas? Va, no me lo tengáis en cuenta, no puedo evitar la bromita. Si hiciera una reseña al uso, tampoco podría decir mucho más y mejor de lo que Montse Santolino expresa en un prólogo que rezuma afecto y sinceridad a partes iguales (no, no siempre van de la mano). O quizás sí, podría añadir que sus escritos son adictivos, que funcionan como un bálsamo y que tienen el poder sanador de la palabra.

 

Sonia moll-libro

 

En el coloquio que tuvo lugar el pasado 20 de setiembre en el Teatre Akadèmia después de ver la obra de Albert Tola Sarab (que os recomiendo de corazón), se planteó si la poesía podía salvarnos o no, con diversidad de opiniones, aunque un amplio sector del público quería creer que sí. La primera intervención apostó por el no rotundo y creo que eso incomodó no tanto por la juiciosa argumentación como por la desilusión que generó. Alguien apuntó que es "un arma cargada de futuro" y se oyeron suspiros de quien no se consuela...; y alguien más (creo que yo misma) dijo que funciona como el dinero, no hace la felicidad pero ayuda mucho, y se liberaron unas cuantas sonrisas de alivio.

Pero es que todavía no me había llegado esta bendita serpiente, porque si la hubiera tenido en las manos y ante los ojos, habría sido mucho más contundente. Una palabra tuya puede bastar para sanarme, ¡ya lo creo que sí! Saber que alguien, desde donde sea que lo hace, encuentra les mots justes para decir lo que tu piensas o sientes o ambas cosas a la vez, pinta con frases precisas tus mismos escenarios, reclama con rabiosa poesía lo que tu, desde tu comodidad de comarcas, ya no tienes ni fuerzas para reclamar o circunda amorosamente instantes, imágenes, emociones, cartografías, espacios, duelos y rabias comunes... ya lo creo que puede salvarte.

Leer a Sònia Moll Gamboa me reconforta, lo digo con el orgullo de sentirme dentro de sus amistades aunque sea de segunda o tercera fila, pero con posibilidad de bravas; me hace sentir, tal vez una cosa tan simplista como que las penas compartidas lo son menos y, por encima de todo, me despierta una esperanza que se desvanece por momentos y desaparece en cuanto pongo las noticias.

Leedla, seguidla, dejad que os acompañe y os encontraréis más cerca de entender el poder sanador de la palabra.

 

Más información:

Beneida sigui la serp

La vida té vida pròpia