‘Todos (hombres y mujeres) deberíamos ser feministas’ (1)*

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Empoderamiento y Liderazgo - Movimientos Sociales

 

LlibreTothom

 

 ‘We should all be feminists’, (Todos deberíamos ser feministas) es el título de un pequeño ensayo de la premiada novelista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie quese está publicitando por el planeta y en el cuerpo de artistas como Rihanna y Natalie Portman, entre otras celebridades, después que la firma Dior diseñara carísimas playeras con ese slogan. Pero se ignoran las ideas feministas del libro. Veamos lo que implica para su autora y para otras africanas.

 

 

Chimamanda Ngozi Adichie es profesora, poeta y dramaturga y tres de sus  novel·les  han sido premiadas. The New Yorker la ha considerado uno de los 20 escritores más importantes menores de 40 años y Time Magazine opina que es una de las 100 personas más influyentes del mundo. Nacida en Nigeria se fue becada con 19 años a los Estados Unidos (Filadelfia y Connecticut) donde se graduó en Ciencias Políticas en 2001. Ese mismo año cursó en Baltimore un Máster de Escritura Creativa y, actualmente, imparte este tipo de talleres en Estados Unidos y Nigeria.

 

 

Desaprender los roles de género y los clichés sexistas

Su visibilidad ‘feminista’emergió con la publicación en 2014 del ensayo ‘Todos deberíamos ser feministas’, que se editó después de su charla-presentación en 2013, en TedxTalkAllí, durante casi dos horas, explicaba que soñaba con un mundo mejor y más justo y la única manera de hacerlo es “educando a nuestras hijas, pero también a los hijos de un modo diferente”. Ahora acaba de salir  'Estimada Ijeawele'  otra reducida publicación, que es una carta-manifiesto dirigida a una amiga de la infancia, con varias sugestiones para una correcta educación feminista, donde desenmascara los ‘roles de género’ con las subsiguientes ‘obligaciones’ sociales para las niñas y los ‘clichés sexistas’ en cuanto a la apariencia física. 

 

 

querida Ijeawele

 

Es lo que ya pormenorizaba en ‘We should all be feminists’, donde relataba sus intentos por ‘desaprender las lecciones de género’. Hace años, “cuando buqué esa palabra en el diccionario decía feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos”, ahora “mi definición de feminista es un hombre o una mujer que dice: sí, actualmente hay un problema con el género tal como lo entendemos y lo tenemos que resolver, lo debemos hacer mejor. Todos nosotros, hombres y mujeres”. Los cambios en la política y en las leyes son importantes considera esta premiada escritora, pero lo son mucho más “nuestra actitud y nuestra mentalidad”.

 

Los estereotipos limitan el pensamiento

 ‘Los estereotipos limitan nuestro pensamiento’ asegura en el primer ensayo y uno de ellos es que las mujeres en Nigeria son infelices si no encuentran marido; también se cree que ser mujer y académica no forma parte de nuestra cultura africana y, por supuesto, se cree que las feministas odian a los hombres. Conclusión: “la palabra feminista está cargada de connotaciones negativas por eso yo soy feminista, feliz, africana y no odio a los hombres”, afirma.  

Y cuando le sugieren que cambie el término feminista por la expresión ‘derechos humanos’ afirma que es negar el problema específico y concreto del sexo: “el problema no es ser humana sino, concretamente, mujer” y en la vida, asevera, “me pasan cosas concretas porque soy una mujer”. Señala por ejemplo, que “la cultura igbo, a la que pertenece, privilegia a los hombres y sólo los miembros masculinos de la familia asisten a las reuniones y toman las decisiones. Yo no tengo  ni voz ni voto. Porque soy una mujer”. También critica que se prejuzgue que “las mujeres hemos nacido con el gen para cocinar y los ‘xefs’ mundiales son hombres”.

Ella recuerda que en su escuela primaria (al sudeste de Nigeria) el ‘delegado’ tenía que ser un niño. Eso debe cambiar, opina, porque “si sólo vemos niños en los cargos y hombres presidiendo empresas, parece natural y, si se multiplica, se convierte en normal”. Por otro lado, opina, que si los hombres se sienten amenazados por la idea del feminismo, “es el resultado de la inseguridad provocada por la manera cómo se les educa”; y eso sucede “cuando su autoestima se ve disminuida si no mandan ‘naturalmente’ como hombres”.

Otro caso ‘desagradable’ que ella vivió en Lagos: tras bajar del automóvil “pagué de mi bolso al guardacoches; el tipo le dijo a mi acompañante, ‘gracias señor’. Mi amigo me preguntó por qué me da las gracias a mi?  Entonces vi que (él) ya comenzaba a entender” la situación. En muchos clubs y bares no dejan entrar a las mujeres solas. Todos son ejemplos que, en su opinión, hay que desterrar.

 

Fem.Rihanna Dior Instagram

Rihanna con el slogan feminista en una playera de Dior_Foto Instagram

 

Los hombres son más importantes y las mujeres ignoradas

Y aún hay más: en cualquier hotel de Nigeria, cuando una mujer entra, todos piensan que es una trabajadora sexual, porque “es impensable que una mujer pueda pagar su habitación; si vas acompañada a un restaurante dan la bienvenida a los hombres y a las mujeres nos ignoran”. Los camareros también son producto de la sociedad, afirma, “porque les han enseñado que los hombres son más importantes” que nosotras. “Y cada vez que me ignoran y me invisibilizan, me enfado”, asevera. Y “escribí un artículo de cómo se siente una mujer en Lagos (la antigua capital de Nigeria) y un amigo me dijo que ‘era rabioso’; Claro que estoy rabiosa¡; la situación de género es injusta”, protesta. Pero resulta que “el amigo criticaba, no el artículo, sino mi carácter, indeseable para una mujer” porque resulta ‘amenazador’.

“El 52% de la población somos mujeres, anota, pero la mayoría de los cargos –de poder y de prestigio- son de hombres. Como bien explicaba la ministra keniana Wangari Maathai: cuanto más arriba, menos mujeres encontramos”, recuerda.

Hace mil años, mantiene Chimamanda N. Adichie, tenía sentido que el hombre gobernara el mundo, pero ahora vivimos en un mundo radicalmente diferente. “La persona más cualificada para ser líder ya no es la que más fuerza física tiene: debe ser la más inteligente, la más creativa e innovadora y la que tenga más conocimientos; y en estos atributos no hay hormonas. Nosotras hemos evolucionado, pero las ideas que existen sobre el género no: “te prescribe cómo deberíamos ser en lugar de reconocer como somos”, lamenta.

 

 

Dobles baremos para las mismas palabras

Pero eso también pasa en Estados Unidos, explica en el libro. Cuenta que una amiga norteamericana accedió a un puesto directivo donde antes había un hombre duro y ambicioso; “un empleado la tildó de ‘agresiva’ y que era difícil trabajar con ella; y estaba haciendo lo mismo que se elogiaba de su predecesor¡¡”. Otra amiga que “trabaja en publicidad se sintió menospreciada por su jefe porque hizo los mismo comentarios que otro colega y a él se los habían alagado”.

Ninguna de las dos quiso quejarse, mantiene la novelista para no parecer agresivas porque “se esfuerzan por caer bien y agradar”. A ella misma le pasó la primera vez que dio clases: “estaba preocupada por la ropa que debía llevar” pues quería que la tomaran en serio y sabía que “como era una mujer tendría de ‘demostrar’ automáticamente mi validez”. 

 

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Chimamanda Ngozi Adichie. Foto KitoDiaries 

 

 

Educar para no satisfacer ‘egos frágiles’ de los machos

 

Según Chimamanda N. Adichie “se enseña a las niñas a preocuparse de lo que pensaran los chicos y al revés no se hace”, por tanto “hay que criar a nuestras hijas de otra forma; también a los hijos: no se debe relacionar la masculinidad con el dinero y los medios materiales”. Hay que suprimir el sentido de que “ellos han de ser duros, porque los dejamos con egos muy frágiles. Y eso provoca mucho daño a las mujeres porque las educamos para satisfacer esos egos frágiles de los machos”. Además, a ellas “se les dice que pueden tener ambición, pero ‘no mucha’ porque amenazarán a los hombres”. Y si eliminamos la palabra castración? pregunta la escritora.

 

 

Beyoncé ha utilizado en este sentido sus palabras en algunas de las canciones y en párrafos como estos: “Enseñamos a las niñas a disminuirse, a subestimarse; puedes ser ambiciosa pero no mucho; debes esforzarse para tener éxito pero sin ser demasiado aparente, de lo contrario serás una amenaza para los hombres... Como soy una chica, se espera que aspire a casarme. Se espera que tome decisiones siempre teniendo en cuenta que el matrimonio es lo más importante... Por qué se lo enseñamos a las niñas y no a los chicos?… Les enseñamos a nuestras hijas que su sexualidad no es comparable a la de ellos”…

 

 

Ellas siempre son intrínsecamente culpables

 

Y así lo señala Chimamanda N. Adichie: “controlamos a las chicas, elogiamos que sean vírgenes, pero no hacemos lo mismo con los chicos, aunque la pérdida de la virginidad implica a dos personas de sexo opuesto”.

 

También explica el caso de una violación en grupo en una Universidad de Nigeria. “Lo primero que se pregunta es qué hacia una chica en una habitación con 4 hombres. Eso significa que han educado a esos nigerianos para que vean a las mujeres como intrínsecamente culpables. Y a ellas las han educado para esperar tan poco de los hombres que la idea de ‘hombres como seres salvajes’, sin ningún autocontrol resulta aceptable”. Las hacemos sentir como si “por haber nacido mujeres, ya son culpables de alguna cosa: no pueden decir que sienten deseo; callan y no pueden decir qué piensan”.

En opinión de la escritora senegalesa  Ken Bugul  fue la colonización la que inculcó que “la  mujer tiene que estar con su marido y esperar al marido en casa; así son el islam, el cristianismo y la colonización occidental” en África afirma. Pero desde los años 80 y “a consecuencia  de las políticas de Ajustes Estructurales del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y de que todo quedara destruido, la mujer creció”. Para Kugul, que ha vivido en España y Francia, “eso transformó por completo a África y cambió fundamentalmente las relaciones entre hombres y mujeres… Las mujeres se han emancipado muy  rápido” en el continente. 

 


Kidjo-spoletousa.org

Angélique Kidjo. Foto Spoletousa.org

 

 

Las mujeres, columna vertebral de África

La cantante y compositora beninesa  Angélique Kidjo  y embajadora de buena voluntad de UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), después de sus viajes a Darfour (Sudán), Chad y Kenia, reafirma que “mi combate personal es la educación de las niñas” y con este propósito ha organizado la Fundació Batonga  

para apoyar la enseñanza Secundaria de las jóvenes porque, como feminista convencida, considera que es “la inversión más rentable” para los países africanos pues “una mujer educada sabe cómo invertir en su país: escolariza a los niños y niñas, y está probado y demostrado por las instituciones internacionales que el Producto Interior Bruto (PIB) de los países aumenta, cuando las mujeres están educadas”, además de beneficiar a las propias familias y comunidades.

De momento, “las mujeres son la columna vertebral de África”, le manifestaba Angélique Kidjo al periodista Nicolás Michel en una entrevista porque “la pobreza es sexista”.

 

Nueve artistas africanos han versionado su canción ‘Strong Girl’ (Chica fuerte) para expresarle “su solidaridad y apoyo y para que todas las niñas puedan realizar sus sueños: ir a la escuela, tener acceso a asistencia sanitaria, disponer de suficiente alimento y tener la oportunidad de vivir con dignidad”.  

 

 

Este artículo tiene una segunda parte: Feminismos autóctonos, frescos e irónicos (y2), que se publicará en una próxima edición.