Chile. Las heridas se cerrarían con más participación femenina en el proceso constitucional

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Empoderamiento y Liderazgo - Movimientos Sociales

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La Independent entrevistó a María Eugenia Hirmas, socióloga que ha dedicado toda su vida a luchar por la igualdad de género especialmente en tiempos difíciles de la dictadura de Augusto Pinochet.

 

Bajo una apariencia frágil, esta mujer esconde la fortaleza de la personalidad de una luchadora. Esta socióloga chilena ha estado en Barcelona y durante la entrevista ha explicado el proceso electoral al que están convocadas las chilenas y los chilenos en noviembre próximo. "Urge mucha más participación de las mujeres para tener una mejor Constitución que nos ayude a cerrar heridas del pasado", comenta.

Las próximas elecciones todavía no se celebraran con la nueva constitución pero el proceso de renovación está en marcha. En su opinión, las experiencias internacionales de países que hacen la transición a la democracia explican que la igualdad de derechos ha sido más efectiva cuando la participación de las mujeres ha sido más importante.

"Si la participación en debates como el constitucional en Chile sólo se hacen a través de los partidos políticos la influencia viene marcada por la mayoría masculina, afirma. Si sólo se da a través de los movimientos sociales es floja ". En su opinión, la presencia de más mujeres en los partidos políticos y, también, en movimientos sociales es fundamental para tener una sociedad más equilibrada, con mejor convivencia, menos individualista y más solidaria.

María Eugenia Hirmas ha estado en Barcelona acompañando a su marido, el ex ministro Sergio Bitar, que ha sido invitado por Casa América a hablar de la transición y por la Fundación Roca Gallery a disertar sobre los problemas del agua de los que es un buen especialista.

 

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En la fundació Roca Gallery, antes de la entrevista. Teresa Carreras y Maria Eugenia Hirmas.

 

Usted ha trabajado mucho con la presidenta Bachelet. Las encuestas no dan buenos augurios a su partido en las elecciones de noviembre. ¿Qué ha fallado?

Es cierto que hay un problema de gestión. De nombramientos de gente que no tenía tanta experiencia como pensábamos. Con esto de no nombrar a la gente que tiene más experiencia porque eran los mismos que ya había habido en el primer mandato de Bachelet la gestión no ha sido correcta y por eso está habiendo tanta crítica a la evaluación del gobierno la Presidenta Bachelet .

María Eugenia Hirma ha sido directora del Área Sociocultural de la Presidencia, nombrada por la Presidenta Michelle Bachelet, durante los años 2007-2010. Actualmente forma parte de varias fundaciones culturales y de igualdad de género en Chile, como, por ejemplo, Fundación Comunidad Mujer, la Fundación ANAR que se dedica a proteger a niños y niñas en riesgo de exclusión. Y también es miembro del directorio de una de las cooperativas más grandes de Chile que se ocupa de temas de educación y cultura, COPEUG, y está grupos de mujeres.

 ¿Cuál fue su rol en grupos de mujeres durante la dictadura?

Yo en aquellos momentos ya estaba casada y tenía tres hijos. Mi marido, que fue ministro con el presidente Allende, tras el golpe de estado fue deportado a tres campos de concentración y en las cárceles de Pinochet, durante catorce meses. Durante la etapa Allende yo estaba implicada en el programa de dar medio litro de leche al día a menores de quince años. Tras el golpe de estado me amenazaron diciendo que me dejarían sin trabajo. Pero como el programa estaba patrocinado por la Fundación Ford y a la dictadura le interesaba legitimarse internacionalmente pude terminar hasta el final.

 

Y cómo trabajan por el bienestar de las mujeres en aquellos momentos difíciles?

El pasaporte de mi marido estaba marcado con una "L", como peligroso, y tuvimos que exiliarnos en Venezuela. Por eso me sabe mal lo que está pasando en este país vecino. En aquellos momentos ser hombre era bastante más peligroso que ser mujer, aunque hubo muchas de detenidas, torturadas y asesinadas, también.

Como las mujeres nos podíamos mover más que los hombres nos organizamos y éramos las que hacíamos las colas para ir a ver a nuestros presos. Nos organizamos en el movimiento "Ollas comunes". En los barrios la gente se juntaba para combatir la dictadura. Después también nos organizamos en un movimiento que se llamaba "Comprando Juntas", mujeres que intentábamos hacer grandes compras para que los productos fueran más baratos y así poder subsistir.

También nos organizamos en torno a la defensa de los derechos humanos y, naturalmente, los derechos de las mujeres que los contemplábamos como derechos humanos. La dictadura con ello fue siempre muy conservadora y cerrada. Como decía, hubo muchas mujeres detenidas y la dictadura nunca se preocupó de respetarlas como tal.

 

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Como colaboraba usted desde el exilio venezolano?

Yo era socióloga y en Venezuela hice un postgrado sobre comunicación. Yo me pude encargar con un grupo de estudiantes de ir grabando la televisión y de analizar la cobertura que la televisión, durante la dictadura, daba a los diferentes actores políticos. Tener esta información era importante porque nos íbamos acercando al plebiscito de finales de los ochenta y así pudimos desmontar toda la propaganda de la dictadura contra las mujeres. Cuando pude volver a Chile con mi familia me di cuenta que en mi país íbamos muy atrasados con respecto al reconocimiento de los derechos de las mujeres.

 

¿A qué conclusiones llegasteis?

Pudimos denunciar que Pinochet siempre dibujaba a las mujeres en casa, en un papel secundario, sirviendo al marido o los niños. Las mujeres sólo salían trabajando cuando se trataba de hablar de la exportación en la agricultura. Tras la recogida de manzanas se veía a las mujeres en línea pero, curiosamente, tenían prohibido hablar entre ellas. Todo esto lo denunciamos.

El mensaje que transmitía era profundamente conservador. Recuerdo que una vez los estudiantes hablaron con Lucía Iriarte, la mujer de Pinochet. Y les dijo "No sé porque están preocupadas estas mujeres. Seguro que en lugar de ocuparse por sus hijos lo hacen de otras cosas como querer trabajar".

Ya durante la transición formé parte de las 12 mujeres que integrábamos el Servicio Nacional de la Mujer. Después nos pudimos organizar como Concertación Nacional de Mujeres para la Democracia y conseguimos cosas importantes, a pesar de que fuimos de los últimos países occidentales acceder al divorcio. Logramos acabar con la denominación de hijos ilegítimos, cambiamos la situación laboral de las mujeres, terminamos con los castigos por adulterio y concubinato. Durante la dictadura la situación era terriblemente desigual.

Después con los dos gabinetes de la Presidenta Bachelet la situación de la mujer ha mejorado mucho. Todavía tenemos que trabajar más para que Chile que es uno de los 6 o 7 países de la región que todavía no ha despenalizado el aborto terapéutico, puesto que al hacerse de forma clandestina hay mucha mortalidad materna. Se calcula que en Chile hay unos 80.000 abortos todos clandestinos y en condiciones de riesgo para la madre y para la persona que ayuda en este proceso.