"El tiempo que te quede libre (dedícalo a mi)" " (I)

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Opinión - Opinión: Vida Cotidiana

 

patricia martinez

OPINIÓN (primera parte) 

A muchas mujeres se nos hace difícil digerir la evidencia de que no podemosvivir nuestro tiempo libremente.

El tiempo tiene, para nosotras, un sentido vital muy grande: nuestro "en tiempo real" es nuestro "en la vida de verdad".

Nos ahoga la dependencia temporal que supone la maternidad durante los primeros años porque existen muchos mandatos que nos exigen ser madres de una manera poco convivible con la vida que hay más allá y se nos instala la sensación de que, entonces, no tenemos tiempo para vivir; nos ahoga tener que cumplir horarios de trabajo absurdos porque para nosotras el trabajo no es una manera de llegar a un sueldo ni de ejercer poder y liderazgo, sino una manera de vivir nuestro tiempo y la mayor parte de las veces el sentido del tiempo laboral no tiene nada que ver con el que quisiéramos darle.

Nos parece absurdo que se declaren propósitos de conciliación laboral y familiar, y que nos hagan fichar para estar en un lugar permaneciendo, cuando lo importante es lo que hagamos o produzcamos cuando tenemos la mente clara para poder hacerlo, y nos resultan absurdos los sueldos que se nos pagan porque están, la mayor parte de las veces, justificados más en el tiempo que pasamos en el lugar de trabajo y en lo mucho que sabemos negarnos, antes que en la calidad de lo que hacemos durante ese tiempo.

Las estrategias escritas con buenas palabras -que apenas se cumplen- sobre la conciliación entre la vida laboral y la vida familiar están hechas y pensadas por quienes, históricamente, han tenido pocas ganas de estar en casa, de medirse con el sentido del cuidado y muchas de protegerse y significarse con el sentido del abastecimiento.

Nosotras sabemos que si abastecemos sin presencia y sin amor, no damos nada en realidad, porque el abastecimiento se agota antes del 20 de cada mes y el amor no.

A muchas mujeres se nos enferma el cuerpo, además, cuando se nos mezclan el tiempo que pasamos en un lugar o en una situación con el modo en que se nos obliga a ello a través de estrategias de abuso de poder.

Muchas mujeres soñamos con poder decidirnuestro modo de vida y esto parte de poder decidir a qué dedicamos y cómo distribuimos y vivimos nuestro tiempo. Queremos hacer, con nuestro tiempo, nuestra forma de vida día a día, pero lo que nos sucede a muchas es que vemos, cada día, que alguien se lleva nuestro tiempo y que se nos va la vida con él.

Deseamos no sostenernos de manera dependiente ni de una institución, ni de una empresa, ni de un proyecto que nos resulte vacío de lógica, pero vivimos tan dependientemente de todo ello que luego nos da miedo la posibilidad de caer en dependencia en otros ámbitos de la vida: justo en aquellos en los que sí podemos decidir.  

“Tenemos tan poco tiempo” y podemos decidir tan pocas cosas sobre nuestro tiempo-vida, que trasladamos a la esfera de las emociones -por ejemplo- la decisión de si el amor nos debe ocupar mucho o poco, si debemos fragmentarlo, si debemos repartirlo, dividirlo o multiplicarlo. Decidimos si queremos dejarnos llevar mucho o poco por los impulsos y los sentimientos con el fin de poder organizarel tiempo que les dejamos que ocupen y defendemos, discutimos o racionalizamos nuestro derecho a “sentirnos libres” o a “nuestro propio espacio” refiriéndonos al derecho a expresar o vivir, cuando y como queremos, lo que sentimos.

Hace unos meses hubo una campaña de una compañía inmobiliaria que colgó por las calles carteles que decían esto:

cartell Article Patricia

... y es que hemos aprendido a “gestionar las emociones, los sentimientos, los deseos”… ¿alguna recuerda que se usara tanto la palabra “gestión” hace unas décadas?,  ¿esta no era una palabra que se usaba en terrenos muy específicos de poder, de mercado, de empresa antes?

La sensación de que nuestra vida la deciden otros -porque son dueños de nuestro tiempo y de su sentido y significado- es tan asfixiante y tan frustrante para muchas mujeres que nos hemos parapetado, en aspectos de la vida en los que nos da miedo sentirnos también así, con muchísimas estrategias de defensa de nuestro “derecho a la autogestión”.

 

[1] He dado este titulo al texto recordando una canción que siempre escuché de la voz de María Dolores Pradera.