La participación de las mujeres en la Primavera Árabe ha contribuido a destruir sus estereotipos

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Empoderamiento y Liderazgo - Movimientos Sociales

El IEMed presenta el número 16 de ‘Quaderns de la Mediterrània’

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El fenómeno político más importante del Siglo XX han sido las Revoluciones de la Primavera Árabe, incluso por encima de los atentados en Estados Unidos del 11-S, ‘porque son una expresión de la aspiración universal por las libertades y suponen, además, un cambio histórico al que, desde este lado del Mediterráneo, hemos de dar todo nuestro apoyo’.

 

Con estas palabras, Andreu Bassols, el director del Institut Europeu de la Mediterrània (IEMed), iniciaba la sesión de presentación del número 16 de Quaderns de la Mediterrània que dirige y coordina Maria-Àngels Roque. El especial se dedica a la Ecología y la Cultura pero contiene un dossier sobre las mujeres en las Primaveras Árabes.

El número 16 de Quaderns de la Mediterrània  está dedicado a la relación entre Ecología y Cultura y recoge muchos e interesantes artículos de expertos de ambas riberas sobre el tema. También unas reflexiones, a propósito del peor desastre ecológico que sufrió Japón ahora hace un año, con el terremoto y posterior tsunami que provocó la explosión de distintos reactores de la central nuclear de Fukushima. Según el escritor Haruki Murakami, en uno de los textos, es ’la segunda gran desgracia nuclear que los japoneses hemos sufrido’ en este siglo –la primera fue el lanzamiento en 1945 de las dos bombas atómicas estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki- quién opina, además, que ha demostrado ‘el desmoronamiento del poder tecnológico’ de su país, paralelamente al ‘desmoronamiento de la ética y el modelo de conducta de los japoneses por dejarnos embaucar de esta manera’ por las compañías eléctricas y los sucesivos gobiernos de Japón, a propósito de la energía nuclear civil.

Las personas invitadas a la mesa para presentar este monográfico fueron sólo hombres, especializados en cuestiones del territorio: el experto y profesor de la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo –del que se incluye un texto sobre la gestión del agua y que era el tema del debate-, el parlamentario leridano de Convergència i Unió Agustí Pérez y el presidente de eco-union y director del Global Eco Forum, Jerémie Fosse. Pero aquí hemos seguido las instrucciones de Andreu Bassols, que invitó a la asistencia a leer, en especial, el apartado de la sección ‘Panorama de actualidad’, sobre el papel de las mujeres árabes en los cambios sociales y políticos de la primavera árabe en la ribera Sur de ese mar que compartimos. Y de esa lectura apuntamos las siguientes reflexiones.

Ellas contra los principios conservadores familiares y sociales

La conclusión de la periodista egipcia Randa Achmawi, que hace un resumen del papel de las mujeres en los distintos lugares de las protestas contra ‘la tiranía, la corrupción, el despotismo y la injusticia’, del Norte de África (Túnez, Egipto y Libia), en los países del Golfo o en Yemen, es que ‘la participación de las mujeres en la Primavera Árabe ha contribuido a destruir los estereotipos acerca de ellas’ porque, tanto en el mundo árabe como fuera de él, ‘se considera a la mujer como una persona invisible y silenciosa que no se manifiesta ni participa en los asuntos públicos’. Y en todos esos países las mujeres han demostrado, ‘no sólo que estaban dispuestas a participar activamente en las protestas’, sino que en muchas ocasiones ‘eran capaces de desempeñar papeles de liderazgo’.
 
Las revueltas árabes han dado a conocer nuevos rostros y nuevas heroínas, cuyo símbolo ha sido la activista y periodista yemení Tawakkul Karman, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2011 junto a dos prominentes mujeres africanas, la presidenta de Liberia Ellen Johnson-Sirleaf, y la activista y luchadora de ese mismo país por los derechos humanos de las mujeres, Leymah Gbowee.
 
Y cuál es la situación de las mujeres en los contextos sociales árabemusulmanes?. Según la periodista egipcia Achmawi ‘la tradición impone a las mujeres árabes una actitud de silencio y sumisión en el espacio público’ que las relega a un segundo plano desde su más temprana edad. Las niñas se educan para tener una ‘actitud de respeto y sumisión’ y se las ‘enseña a no mostrar demasiado su propia inteligencia’ o a ‘no tener una actitud crítica’ frente a sus hermanos, o en discusiones con interlocutores del sexo masculino. ‘Bien al contrario, las exhortan a respetar y reconocer el mérito de las opiniones y posiciones de los varones de su familia y, a veces, incluso a dudar de su propio valor o capacidad para opinar’.
 
Todo este engranaje socioeducativo es el que ha empezado a quebrarse con la participación activa de las mujeres en los espacios públicos de protesta, incluso a pesar de las presión contraria de sus propias familias, que querían obligarlas a quedarse en casa por las noches, tal como obliga su tradición. Pero ellas se negaron a seguir las normas impuestas, sobretodo en Egipto, y acamparon noches enteras durante los más de 15 días de protesta y ocupación de la plaza Tahrir, donde montaron guardia y velaban junto a sus colegas hombres. De esta manera, ‘desafiaban el statu quo de unas sociedades conservadoras y paternalistas, en las que el lugar de la mujer pertenece al ámbito privado y no a las calles, ni a las plazas públicas, ni a las manifestaciones políticas’.
 
Aunque el porcentaje de inserción femenina en la vida activa, según Randa Achmawi, es más elevado en países como Túnez y Egipto y mucho menor en Yemen, Líbia o Arabia Saudí, las cámaras de televisión internacionales captaron imágenes de mujeres diversas, con vaqueros y de apariencia moderna -en Túnez y Egipto- o cubiertas de negro de pies a cabeza –en Bahrein y Yemen- y todas daban testimonios en directo con sus propios puntos de vista contra las injusticias y la falta de derechos de sus países. La frase mas repetida por las entrevistadas desde el Mediterráneo al Golfo Pérsico-Arábigo fue que para ellas ‘era absolutamente necesario que participara plenamente en este momento de lucha para cambiar la situación de mi país’. Porque decidieron que ‘la defensa de sus derechos era parte de la construcción del proceso democrático’ en sus respectivos países.