Historia de una fotografía: más allá de la memoria mediática

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Memoria - Memoria histórica

Reproducimos artículo publicado en  LA DIRECTA  (licencia creative commons). Traducción Bárbara Boyero

El odio hacia un sistema social injusto y el amor hacia el mundo nuevo que tenía que surgir de la lucha proletaria fueron el contexto sociopolítico de la miliciana de la fotografía, Marina Ginestà

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Una miliciana, fusil al hombro, mira a la cámara del fotógrafo alemán Hans Gutmann (Juan Guzmán)

La imagen se tomó en el Hotel Colón de la plaza de Catalunya, el 21 de julio de 1936, poco después del triunfo proletario sobre las tropas fascistas que se alzaron contra la República. Julio del 36. La Barcelona revolucionaria. Las obreras en armas. El inicio de la Guerra Civil. Quién era, entonces, aquella miliciana? O quizás mejor: cuál es la historia colectiva que encarna la fotografía?

La joven Marina Ginestà, comunista
La imagen permaneció en el archivo fotográfico de la Agencia EFE hasta que, en 2002, su publicación la convirtió rápidamente en un icono. Para muchas, pasó a representar aquella dignidad obrera que, después de derrotar al golpe militar del 18 de julio en Barcelona, se va a reapropiar de la ciudad y a poner en práctica la revolución social.
Después de un tiempo de mantenerse en el anonimato, hace cuatro años, la identidad de la fotografiada emergió, gracias a la tarea de un documentalista de EFE, Xulio Garcia Bilbao. A partir de las memorias del corresponsal soviético de Pravda, Mijail Koltsov, y rastreando los archivos de la Guerra Civil de Salamanca, García Bilbao descubrió el nombre de la joven protagonista de la fotografía y emprendió una intensa investigación hasta que la localizó en su domicilio actual. En París, la joven Marina Ginestà Coloma tenía 89 años.
Ginestà, que hasta entonces no sabía que existía la fotografía, explicó su historia. El 21 de julio de 1936, tenía diecisiete años y era miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, creadas recientemente. Se encontraba a la terraza del Hotel Colón, requisado por la UGT y que, días después, se convertiría en la sede central del nuevo PSUC (que se fundó el 23 del mismo mes).
Ginestà declaraba, en 2008, que la antigua fotografía reflejaba el sentimiento del momento, la llegada del socialismo y la reapropiación dichosa de un hotel que, hasta entonces, era el símbolo ostentoso de la burguesía.
Antes de las jornadas de julio, Ginestà había estado implicada en las Olimpiadas Populares, convocadas como respuesta a los Juegos Olímpicos organizados por la Alemania nazi. El día 19, Marina (con su hermano Albert) fué a combatir el levantamiento fascista desde las barricadas barcelonesas. Poco después, fueron al frente. Albert Ginestà se convirtió en militar con graduación; Marina, periodista. Fue la traductora del corresponsal del diario soviético Pravda (y enviado especial de Stalin), Mijail Koltsov, durante la entrevista que mantuvo con Durruti el 14 de agosto de 1936 en Bujaraloz. Un encuentro que, según declaró Ginestà a EFE, les costó la vida: a Stalin no le gustó lo que hablaron. Después, trabajó en la retaguardia y, con la derrota republicana, se fué al Estado francés, donde se reencontró con su padre y su madre. Con la ocupación nazi, Ginestà se refugió en el México de Lázaro Cárdenas y, más tarde, recaló en Venezuela. Años después, viajó a París, donde vive actualmente.

El olvido interesado de un mundo
A partir de los descubrimientos de García Bilbao, la información sobre Marina Ginestà se publicó en algunos diarios y su historia quedó fijada, estática, para la memoria del espectáculo. Pero, a pesar de la experiencia punzante de Ginestà (la derrota de las esperanzas obreras, el dolor del exilio, los compañeros fusilados), la misma agencia EFE y gran parte de la prensa que reprodujo la noticia presentaron el relato bajo una pátina de idealización edulcorada. “La joven republicana”, “el uniforme miliciano”, “los cabellos al viento”, “el fusil romántico”, “el bello icono de la Guerra Civil”, “la primera y última ocasión en que cogía una arma”. Esta idealización y estetización, atribuible a la mirada sexista sobre Ginestà –mujer y joven– y a la lectura despolitizadora de la guerra, servían para recuperar una fotografía como anécdota y no como testigo gráfico de un mundo político y social concreto.
La joven “rebelde” y “idealista”, la “ingenua” que esperaba vencer los militares con un viejo fusil a las espaldas. Palabras textuales de la recuperación.
Pero cuál es, la matriz de la historia de Ginestà, su genealogía? Era una joven espontánea, ingenua, idealista, tal como la configura la memoria mediática? O, por el contrario, formaba parte de aquel mundo obrero que aspiraba a derrocar el capitalismo y fue derrotado el 1939? Si vamos más allá de la anécdota, quizás descubrimos la memoria política que entraña la fotografía.
Marina Ginestà era hija de Bruno Ginestà Manubens y Empar Coloma Chalmeta. Tal como declararon ambos cuando, desde el exilio, pidieron la nacionalidad venezolana en 1949, tuvieron un hijo y una hija en Tolouse. Albert, nato el 10 de enero de 1916, y Marina, el 29 de enero de 1919. La familia Ginestà Coloma era una familia obrera de sastres, comunistas. El hijo Albert fue detenido el el 1933, acusado de repartir propaganda comunista, en su domicilio de la calle de Borrell número 145, tercer piso. El padre, Bruno Ginestà, que desertó del ejército el 1930, formaba parte, en 1934, de la Cooperativa de Camiseria i Confecció (Camiseria y Confección). Era del comité de la Federació Catalana del Vestit (del traje) de la UGT y, hasta enero de 1939, fue secretario del comité de enlace CNT-UGT de Cataluña.
La madre, Empar Coloma, se había presentado a las elecciones municipales de 1934 como candidata del partido comunista, en compañía de Lina Odena y José del Barrio, y era una de las miembros más activas de la Agrupació Femenina de Propaganda Cooperatista, creada el 1932 para organizar las mujeres de las cooperativas de consumo y para luchar por el reconocimiento de sus derechos políticos en las cooperativas. Empar, el 1934, en un artículo en el semanario Acción Cooperatista, expresaba sus propios planteamientos: “Aspiramos a la abolición de la sociedad capitalista y a la implantación de un nuevo sistema colectivista de producción y distribución, a una era de bondad y justicia impuesta por los que producimos”.

La nieta de Micaela Chalmeta
Los antecedentes políticos en la familia de Marina Ginestà todavía van más atrás. Su abuela por parte de madre era Micaela Chalmeta.
Chalmeta era una conocida militante socialista que, ya el 1903, era redactora, bajo el pseudónimo de Amparo Martí, en la publicación Guerra Social. Anticlerical y antimilitarista, Chalmeta apoyó y participó de la huelga general revolucionaria de 1909 (la que la burguesía denominó Semana Trágica) y lideró asaltos de mujeres a tiendas de víveres durante la época de carestía y paro que sufrió el proletariado catalán a lo largo de la Primera Guerra Mundial. Además de su militancia socialista, Chalmeta participaba activamente del movimiento cooperativista catalán. Con su compañero Joan Coloma, fundaron la cooperativa Economía Social de Hostafrancs y, más tarde, participaron del Modelo del Siglo XX, en Sants. Tal como remarca Montserrat Duch en el libro sobre Micaela Chalmeta (Cossetània, 2009), una de las aportaciones más importantes que hizo Chalmeta, junto con su hija Empar, al cooperativismo de la época fue la lucha por la participación de las mujeres en el movimiento. Su otro hijo, Joan Coloma Chalmeta, fue uno de los dirigentes más relevantes del cooperativismo catalán de los años 20 y 30 y –buen escritor y polemista– dirigió Acción Cooperatista hasta su muerte, el 1937.
El año 1911, Micaela Chalmeta escribía: “No son lágrimas, quejas y debilidades, el arma más propia para luchar de una mujer que vive en un elegante boudoir; es el odio a un sistema social que le exige la energía y la actividad y la trata injustamente, el que tiene que inspirar toda asalariada”.
Aquel odio hacia un sistema social injusto y el amor hacia el mundo nuevo que tenía que surgir de la lucha proletaria fueron el contexto sociopolítico de Marina Ginestà. Hija y nieta de mujeres revolucionarias, Ginestà participó en la defensa armada de aquel mundo. Antes de la fotografía del hotel, la prensa cooperativista se refería a ella, el 19 de julio: “(...) arriba de un camión cargado con pan procedente de una de nuestras cooperativas, vigilaba, con el fusil a la mano (…) custodiando la carga que se le había confiado, destinada a los atletas de la Olimpiada” (Acción Cooperatista, 31 de julio de 1936).

Marina, Empar, Micaela. Más allá de la memoria mediática, la memoria política. La de unas mujeres obreras y revolucionarias que, con sus aciertos y lo suyos errores, aspiraron a abolir la sociedad capitalista que las oprimía.

 

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