Malos presagios para el 2012

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Cultura - Literatura

Son muchos los que cierran el año con alguna de esas bochornosas cenas de empresa que se celebran a finales de diciembre y, con la resaca puesta, se desayunan al día siguiente con un despliegue de listados que, sin excepción, las páginas culturales de los periódicos confeccionan especialmente para esas fechas....al parecer tan huérfanas de noticias que cualquiera diría que al marcharse los políticos de vacaciones, la actualidad baja la persiana hasta nuevo aviso.

 Las listas pasan revista de los que fueron, en opinión de los responsables de las respectivas publicaciones, los mejores libros del 2011. Que vienen a sumarse a las mejores películas, las mejores exposiciones e incluso los mejores momentos del año, en buena parte animados por acontecimientos deportivos que dejaron frío a un elevado porcentaje de la población, dentro del que casualmente me encuentro.  

 

Este año las listas de “Los libros del 2011” se han “lucido” de un modo alarmante, por lo que vale la pena hablar de ellas y sacar a “relucir” los datos, pues los números cantan y el balance es claramente pésimo. En esta ocasión me serviré de la lista ofrecida por El País, por considerarla ampliamente significativa al haber participado en su composición un total de 57 “críticos, colaboradores y periodistas de Babelia”, durante años considerado el suplemento cultural más influyente, amén del más progresista, progresismo e influencia que parece estar perdiendo a pasos agigantados, y no soy yo quien lo dice sino las malas lenguas.

Vaya por delante que este artículo no está escrito en calidad de “memorial de agravios” sino de “vindicación”, distinción que lleva a cabo Celia Amorós en su imprescindible Tiempo de feminismo. Según la filósofa (junto a Amelia Valcárcel representante máxima de la reflexión teórica en torno a esta corriente, que ambas coinciden en considerar una derivación del pensamiento democrático, que lo es), mientras el memorial de agravios es una queja de la denostación misógina que sufre la mujer pero no vindica la igualdad, la vindicación sí la reclama exponiendo la “irracionalización del poder patriarcal”.

Esta es pues una reivindicación de la igualdad frente a una lista de los diez mejores libros del 2011, realizada por un diario que ha sido emblema de los valores de la izquierda desde su fundación en 1976, seis meses después de la muerte del dictador, y que ahora parece haberlos olvidado. Ya les anuncio que en la lista no aparece ni una sola mujer, y ya les anuncio que ese no es el único fallo grave que la lista en cuestión ostenta. Y es que, estarán de acuerdo conmigo, quien yerra no suele hacerlo una sola vez.

Empiezo por leer los nombres de esos casi sesenta profesionales y colegas responsables de llevar a cabo la lista, de entre ellos algunos de gran enjundia y de entre ellos 13 mujeres, es decir un 22’8%; y no puedo evitar intuir en algunos un afán de objetividad y en otros un afán de irresponsabilidad (hace años que los leo, hace años que los sigo y sé de qué pie calzan). Son los elegidos para mirar por el retrovisor los doce meses que dejamos atrás y elevar al Olimpo literario lo que les parezca oportuno. ¿Son conscientes de la responsabilidad de la tarea encomendada o bien la afrontan como un simple juego de afinidades electivas?

¿Se preguntan acaso si influirá su selección en los lectores? Lo hará, de eso no cabe duda alguna. Esa lista (aparecida justo antes de la festividad de Reyes) no sólo servirá para aumentar las cifras de ventas de ciertos títulos  y para hinchar momentáneamente el ego de algún que otro autor nacional, sino que acto seguido pasará a difundirse en un medio de alcance mucho mayor, la televisión, colándose en los hogares de millones y millones de personas junto a algunas toneladas más de publicidad.

¿He dicho publicidad? Elemental, mi querido Watson, no en vano estas listas pretendidamente fabricadas desde el estamento de la crítica se asemejan tanto a las listas de los libros más vendidos, con la diferencia de que ni siquiera incluyen libros que se hayan vendido en exceso (pues siempre hay alguno del que no hemos oído ni hablar). Las listas de los mejores libros del año no son más que publicidad, pues jamás he visto que fueran acompañadas de ninguna reflexión seria sobre su calidad literaria, por lo que no puedo considerarlas parte de la crítica sino meros coadyuvantes destinados a seguir marchando en la dirección en que más le conviene a cada cabecera periodística.

Vayamos al grano y comentemos la susodicha lista recientemente publicada por el suplemento Babelia, de El País, en fecha 23 diciembre de 2011, a cuya filiación política como he dicho se le supone cierta conciencia crítica. Bajo el epígrafe de “Los mejores 25 libros de 2011” Winston Manrique Sabogal firma un artículo en el que se expone la lista de los títulos elegidos por los 57 profesionales que he mencionado anteriormente. Cada uno de ellos ha elegido 10 títulos, que han dado lugar a 20 posiciones ocupadas por los mencionados 25 títulos (a tenor de algunos puestos compartidos), de las que a su vez se destacan las 10 primeras.

Los diez primeros libros escogidos, encabezados por Los enamoramientos de Javier Marías (una novela a todas luces floja en su sin duda brillante trayectoria, como muchos piensan, incluidos algunos de los que han escrito lo contrario), son como digo de factura exclusivamente masculina. Entre ellos se encuentran obras como Libertad (Franzen), El mapa y el territorio (Houellebecq), Némesis (Roth), Caligrafía de los sueños (Marsé), El ruido de las cosas al caer (Vásquez) y un libro de poesía del reciente premio Nobel, Tranströmer.

Como curiosidad, mencionar que entre los diez escogidos se halla también una historia de la literatura española contemporánea tremendamente sesgada en la que las mujeres brillan también descaradamente por su ausencia (y cuyas carencias yo misma me he dedicado a denunciar en un artículo anterior a este: “En el mundo literario, machismo a raudales”).

En cuanto a los quince libros restantes que ocupan las siguientes posiciones, en el número doce hallamos la correspondencia entre Carmen Martín Gaite y Juan Benet, que ya les digo yo que si no fuera por Benet no estaría en esta lista. De ahí en adelante, ni rastro de plumas femeninas, ni rastro. Así, visto en su conjunto, parece hasta una broma: ¿un único libro escrito a medias por una mujer entre veinticinco libros elegidos? ¿Soy acaso la única que durante este 2011 ha leído excelentes novedades firmadas por mujeres, como por ejemplo la brillante El faro por dentro, de Menchu Gutiérrez, publicado por Siruela y que no he visto en lista alguna?

el_faro

Citaré tan sólo otro libro genial, que se basta y se sobra: los Cuentos completos de Lydia Davis, que merecerían no sólo estar en la lista de los diez elegidos sino directamente en el puesto número 1, que el Sr. Marías en esta ocasión no se merece. ¿Lo digo yo? No, afortunadamente se lo he oído decir a unos cuantos y de mi mismo gremio, es decir, profesionales solventes que incluso en público hablan bien de la citada novela y si es necesario le hacen una reverencia. A la novela del año cabe exigirle cuanto menos intensidad y nervio (aquello que también llamamos “garra”), y esta novela carece por completo de estas cualidades mientras Davis, por ejemplo, sí las ostenta.

Todo tiene su explicación y ahí va. La novela del Sr. Marías (un escritor valorado y sin duda más que merecedor de elogios), aún estando muy por detrás de otras novelas suyas de una intensidad literaria infinitamente mayor, aún ostentando una protagonista femenina que no se cree ni un marciano que no haya visto una mujer en su vida, ha sido publicada por Alfaguara, editorial del grupo PRISA, al que como todos sabemos pertenece El País. Por el contrario, el libro de la Sra. Davis, primera esposa por cierto del Sr. Paul Auster, ha sido publicado por Seix Barral, que pertenece a su vez al grupo Planeta, competencia directa del grupo PRISA. A destacar que entre las conclusiones a la lista (que las hay), se afirma que la presencia de los cuentos ha disminuido respecto a las listas de otros años, mas no se menciona para nada la escasez de obras escritas por mujeres: si no se dicen, las cosas no existen, ese debe de ser su lema.

¿Quieren saber qué hubiera sucedido si estos brillantísimos e innovadores Cuentos completos hubieran venido de la mano del Sr. Auster y del sello Alfaguara? Pues que nadie hubiera tenido que hacer el espantoso ridículo que han hecho algunos alabando una novela titulada Los enamoramientos que acaso merecía un discreto puesto quinceavo, poco más. ¿No pasó este diario suficiente vergüenza cuando los intelectuales patrios salieron en defensa del valioso crítico Ignacio Echevarría, apartado de “sus funciones” por haber criticado en sus páginas una novela de Alfaguara? ¿No les sirvió aquello de escarmiento?

Con su lista, El País incurre en tres yerros: 1) premia un libro de calidad dudosa, 2) premia un libro de su propia casa faltando a los mínimos de la honradez y 3) ningunea a todas las mujeres que han publicado libros durante el 2011. Al mismo tiempo, se confirman así dos cosas: que los lobbies editoriales no tienen reparo alguno en barrer para casa y que la libertad de la crítica sencillamente no existe.

Sofi_Oksanen_-_Purga¿Pero es El País el único que ha hecho una lista tan infame? Por desgracia, no; basta leer por ejemplo la de la revista Qué leer, donde la única diferencia es que la novela del Sr. Marías está en cuarta posición y McEwan ocupa el lugar estrella. Por otro lado, resulta irónico constatar que ciertos diarios se supone que mucho más conservadores, como ABC, otorgan a la novela del Sr. Marías un sexto lugar (algo mucho más razonable para el sentido común) y sí incluyen a una mujer entre sus diez elegidos, en concreto a la finlandesa Sofi Oksanen, autora de la novela Purga, que aún no he leído pero dicen que es espléndida y pienso leer sin dilación.

¿Tiene alguna explicación que ABC le tome la delantera a El País en lo que se refiere a la cuestión de género? Sí, la tiene: hace tiempo que las páginas culturales de El País van a la deriva. ¿Me saco de la manga esa arriesgada y comprometida reflexión por la que nadie me paga? No, en materia de igualdad de género les aseguro que va en caída libre: ejemplos recientes como un artículo sobre los escritores de culto (“Un secreto de dioses”; 14-1-2012) o algunos como el que dedicaron hará un año a las bibliotecas de los escritores (“La huella de los libros”; 8-1-2011), donde las escritoras no parecían poseer biblioteca alguna (será que aquellas a las que yo visito atesoran en realidad miles de libros de cartón-piedra), evidencian esa deriva imparable.

Igualmente, no contentos con exhibir tal sospechosa lista de los mejores libros del 2011, añaden los links de los listados de años anteriores. Mejor hubieran hecho obviándolos, pues en la comparación queda claro que la cosa va a peor ¡y de qué modo! Mientras en 2010 en décima posición aparecían dos mujeres, María Zambrano y Jhumpa Lahiri, en 2009 en cuarta estaba Wislawa Szymborska y en octava Emily Dickinson. Por su parte, en 2008 en cuarta aparecía Cristina Fernández Cubas y en séptima Alice Munro.

Este cero absoluto en las lecturas favoritas del 2011 es pues un revés al progreso cuya única explicación es que El País ha instaurado una especie de ley sálica literaria que en su día olvidó anunciar. Favorecer la igualdad, en este caso la difusión de los principios de igualdad, es una tarea aún lamentablemente muy necesaria que corresponde a todos los estamentos de la cultura. Y un suplemento cultural que se las da de puntero no se puede permitir caer en el despropósito de exhibir una realidad tan sesgada. Un diario tan leído y apreciado debiera ser fiel al ideario de sus lectores, no al de sus bolsillos ni al de sus obsoletos prejuicios. Determinar si esta lista reaccionaria a todos los efectos es fruto de la falta de conciencia igualitaria de los 57 críticos, hombres y mujeres (el androcentrismo heredado no es patrimonio masculino), a quienes fue encomendada o bien responde a la nula reflexión sobre una cuestión de tanto alcance por parte de la cabecera que la publicó, ya no es tarea mía.

La mía, modestamente, a modo de invitación a la enmienda y siendo como es este artículo una vindicación y no un memorial de agravios, es recordarles a los responsables últimos de este desaguisado, y a quienes insisten desde las tribunas públicas en ejercicios tan antidemocráticos y tan altamente peligrosos para el futuro de todos, estas acertadas palabras de Cicerón: “Errar es de humanos, pero que sólo los estúpidos perseveran en el error”. Aún estamos a tiempo de que el 2012 no sea, en el terreno de la igualdad en el ámbito cultural, una catástrofe. Sepamos poner remedio a tiempo. 

                                                                         
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